lunes, 29 de diciembre de 2025

ASÍ GANAMOS EL REINADO DEL CHURUMBELO

 Por: John Montilla

(Crónica)


Un diciembre de hace unos años, junto con un artesano del carnaval, nos propusimos a última hora (en ese evento casi siempre se improvisa) participar con una “candidata” al Reinado del Churumbelo. Para ello, en primer lugar, necesitábamos el participante. La suerte estuvo de nuestro lado desde el principio, porque lo vimos sentado en una esquina del barrio, bajo un árbol de almendro, recochando con un grupo de amigos. Fuimos hasta allá y, entre chanza y seriedad, le hicimos la propuesta.

El hombre al principio se puso serio y nos dijo que a eso no le jalaba, pero le argumentamos que había un buen premio y le pusimos como garantía que nosotros siempre participábamos en los carnavales con disfraces y carrozas, y que casi nunca nos iba mal.

Para convencerlo, eché mano de mi frase de batalla para esos eventos:

“No son las personas las que ganan, son las ideas.”

Le dijimos que ya teníamos en mente el diseño de la carroza y el libreto que íbamos a manejar, que con eso derrotaríamos a cualquier rival que se nos enfrente.

Mi amigo, como artesano, es bueno para diseñar carrozas, y yo no me le quedo atrás en ese tipo de trabajos. Otro punto a favor es que yo podía redactar un discurso, escribir y dirigir un libreto. El asunto parecía resuelto; solo faltaba el sí de nuestro seleccionado. Ante nuestras razones, la insistencia de la demás gente que dijo que nos acompañaría con la barra y el visto bueno de su pareja, el hombre terminó por aceptar y decidió ser nuestra “candidata”.

Como nuestro candidato se tomaba toda la sopita y tenía su barriguita de camionero cervecero, lo bautizamos ahí mismo como “Miss Inflación”. El nombre tenía una carga de humor, de risa contra sí mismo, y un elemento de economía que nos serviría para una sátira política.

Entonces, en el carro que conseguimos, diseñamos y elaboramos una gran canasta remesera y la decoramos alrededor con elementos vacíos de diversos productos comestibles y de uso diario de nuestros hogares. Le dimos el toque festivo y alegre y, en el centro de ella, con unos buenos tragos de aguardiente para que se animara, metimos a la “candidata”.

El libreto que escribí lo hice en términos de economía, salario, mercado y canasta familiar, con sus toques y aliños de humor, sátira, sarcasmo y crítica, e hicimos que la candidata en todo momento siguiera el discurso preparado. Como en el teatro, le pusimos a alguien que estuviera atento, soplándole al oído lo que tenía que decir. La idea fue siempre que fuera coherente, gracioso y bien estructurado, y que en ningún momento hiciera gestos groseros, ordinarios o grotescos en su presentación.

Con mi colega, frente a la tarima en el parque, atentos a los acontecimientos, ya habíamos concluido que, en lo que a carroza se refería, nadie podría derrotarnos ese día. Veíamos que las otras candidatas improvisaban su presentación y decían lo que se les ocurría en el momento y, por supuesto, algunos detalles ordinarios, más que a su favor, corrían en su contra. El asunto pintaba bien para nosotros.

Solo faltaba un detalle: el baile con el edecán. Ese fue un obstáculo que tocó vencer y que resolvimos a la hora de elaborar la carroza. Entre los voluntarios que nos ayudaban estaba “el loquito del barrio”, sin camisa, y le dijimos que si quería acompañar a la “reina”. De una dijo que sí y preguntó qué tenía que hacer. Le dijimos que nada, tan solo ir junto a “ella”, darle la mano y echar una bailada. Salió al desfile como estaba: en pantalón y sin camisa, pero alguien le colgó una corbata en el cuello. Un par de veces estuvo a punto de mandar al traste todo el plan cuando estaban en la tarima, pero nuestro apoyo estuvo en la jugada y se resolvió bien.

Cuando el jurado dio el veredicto, el asunto salió como lo planeamos. Daba gusto ver la algarabía de nuestra barra, que era mucha en el parque. Con mi colega nos dimos tremendo abrazo y de todos lados nos llegaban más abrazos, agua y cerveza. Y, por supuesto, nos alegramos y reímos de ver a nuestra “reina” en la tarima, abrazándose y saltando con su edecán. Le dieron el primer puesto, un buen premio en efectivo y una singular corona de malla y hojalata pintada de color dorado. Por alguna razón eso fue a parar a mi casa; la tuve un buen tiempo, pero un semestre que me fui a la universidad, mi madre creo que la echó al reciclaje.

“Ese concurso está en nuestro palmarés. Nadie nos quita lo bailado.”

***

John Montilla (27-XII-2025)

Relatos de mis memorias

Imagen: AI generated.

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NOCHE BUENA, CARNE AJENA

Por: John Montilla

Leí la noticia que, a un vecino de Mocoa, en vísperas de navidad le sacrificaron una vaca y se le llevaron los cuartos traseros y entonces se me ocurrió este texto:


NOCHE BUENA, CARNE AJENA

Oscuros e infames cuatreros

mataron la vaca en Navidad;

le robaron los cuartos traseros

pa’ la fiesta y pa’ celebrar


Noche buena, mesa larga,

carne no santa en el fogón,

Dios mirando pa’ otro lado

ante un robo sin perdón.


la olla vieja e inocente

no preguntó procedencia,

entre la algarabía de la gente

se cocinó la indecencia.


Carne asándose sin nombre,

grasa goteando en la brasa,

risas cortadas a machete

y la culpa afuera de la casa.


Brindaron por la abundancia

con vino y risa prestada,

la culpa quedó colgada

junto al cuero en la alambrada.


Un niño pidió otro plato,

pues de culpa nada tenía;

al igual que su cándido gato,

no sabía lo que mordía.


Hay fiestas que dan comida

pero no dan de comer;

llenan la boca de grasa

y el año entero de hiel.


No soy juez ni carcelero,

ni les deseo castigo:

la carne se va ligero,

el recuerdo queda vivo.

*** 

John Montilla (26-XII-2025)

Divagaciones

Imagen: AI generated

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CAFÉ NAVIDEÑO

 Por: John Montilla

Tu regalo de navidad te puede llegar de la manera más inesperada.

Fuimos con un colega a tomar un café en las afueras de Mocoa. Llegamos a un local que queda junto a uno de nuestros ríos. Desde allí se puede escuchar la musicalidad de las diáfanas aguas que se escurren entre grandes piedras. La fresca brisa que corre lo hace un lugar agradable, por eso debe ser que a mucha gente le gusta parar en ese sitio. Por supuesto, la gente se detiene principalmente para degustar lo que allí se vende.

Cuando llegamos saludamos a unos conocidos que encontramos entre ellos unos exalumnos y sus padres. Hicimos nuestro pedido: café, envueltos, empanadas; comimos, charlamos; la tarde iba cayendo, éramos ya los últimos clientes. Y cuando nos dispusimos a pagar nos digo la dueña del local.

“Su cuenta ya fue pagada”,

 el señor que canceló dijo:

“Ellos fueron profesores de mis hijos.”

***

John Montilla (19-XII-2025)

Relatos en mi camino

Imágenes tomadas de internet

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DETALLE QUE NO ESPERAS

Me fui a ver el alumbrado navideño de mi localidad,

 no con las muletas al hombro sino en los brazos para apoyarme.

“Caminé a paso lento” un rato mirando el gran árbol navideño

y otros arreglos que habían instalado.

Luego cuando me cansé,

me senté a descansar en una de las bancas del parque,

al fin y al cabo, yo afán no tenía.

Cuando de pronto el “influencer” Camilo Cifuentes;

(Ese joven que compra comida en los pequeños negocios

 y que a cambio paga generosamente

además de obsequiarles muy buenos regalos a los vendedores

y cuya comida la regala luego a la gente de la calle. )

Llegó hasta mí y con su característico acento paisa me dijo:

-“Mi niño coma salchipapa.”

***

J.M (23-XII-2025)

Divagaciones: jmontideas.blogspot.com

DESPEDIDA A ONCE

 Por: John Montilla

Mi accidente no permitió terminar el año escolar con mis estudiantes de grado once, por eso decidí escribirles estas palabras a modo de adiós a un grupo, que hago extensivas para todos.

Hello, saludos a todos. Comienzo por decirles que “se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”. Eso era simplemente una frase de tantas para decir que era hora del orden para poder trabajar, y ahora la puedo usar de nuevo para decir que, de aquí en adelante, se “acaba la diversión” y el relajo de la secundaria: se vienen para ustedes retos nuevos, y mi deseo, por supuesto, es que logren afrontarlos.

Permítanme decirles hoy que el suyo era uno de los grupos con los que más me gustaba trabajar. Me sentía a gusto allí, porque percibía que había mucha aceptación por lo que hacía en clase, y por eso trataba de hacer las cosas lo mejor posible. Siempre había alguien receptivo. Podría nombrar a muchos, pero solo voy a mencionar a Lina S., siempre atenta, callada, observadora; saber que hay alguien dispuesto a seguirte motiva. Repito: eran varios, pero el espacio no me da para mencionar a todos; aun así, me atrevo a resaltar ciertos aspectos con nombres propios. Perdonen si no los menciono a todos.

Gracias a Marly, a quien cierto día escuché decir: “Usted es el profe que más enseña”. (Quizás no haya sido así, pero esas cosas, repito, motivan). Daniela comentó cierta vez: “Mi hermano dice que usted es el mejor profesor de inglés que ha tenido”. Es bonito saber que uno ha ido dejando huellas en el camino. De eso se trata este trabajo.

Gracias a todos aquellos que apoyaban mi labor. A quienes ayudaban con la distribución y recolecta de las monedas de las fotocopias: no me alcanza esa plata para irme a la playa, pero el material sí sirvió para que ustedes se forjaran su camino. A Sanny, gracias por el bonito mensaje que me envió, y qué bueno saber que la clase le haya servido de inspiración.

Agradezco a quienes tenían la respuesta cuando hacía una pregunta: me hacían sentir que no estaba solo. La clase no habría funcionado sin el apoyo de Samuel D., de Marlon y de otros; tampoco habría funcionado sin aquellos que me obligaban a estar siempre alerta, ya fuera porque los veía mirando el techo o pensando —sabrá Dios en qué diablos—, o sin ese grupito que parecía que siempre tenía algo que ocultar, o esos que se desesperaban por agarrar el maldito celular cuando yo estaba explicando algo. Como digo, todos aportaron. Aportó el que se dormía, el que charlaba, el ausente, como aquel que te daba un saludo, un abrazo sincero o una frase original, como la de Tatiana, que expresó un día: “Odio a ese niño, siempre saca cinco”. Por supuesto, ella no lo decía en serio.

Felicito a aquellos que siguieron el trabajo final de manera normal y con calidad, a pesar de mi ausencia. Agradezcan que le dije a la profe que me reemplazó que no los quería ver, porque, si no, algunos no estuvieran celebrando (es un chiste, ya).

Cada uno tiene sobre su conciencia la forma en que trabajó, y, sobre todo, lo que aprendió. La nota siempre fue cosa menor. De lo que se trataba era de forjar criterio y responsabilidad; espero haber logrado eso. De lo que sucedió en el salón, nada fue personal: la gran mayoría de cosas fueron de índole académica, así que considero que estoy en paz con todos.

Por último, muchas gracias a Laura, por todo: por servirme de puente para comunicarme con el grupo y por estar siempre dispuesta a colaborar. Al final, ella fue el eslabón que me tuvo conectado al colegio ante mi obligatoria e inesperada ausencia. Ella mantuvo hasta el último instante la débil llama encendida que me indicaba el camino del grupo.

Todo lo que se hizo, se hizo de buena fe. Me hubiera gustado poder recoger los frutos de lo sembrado, pero la vida no lo quiso así. ¡Cómo lamento no haber estado al final de su proceso escolar!

Un abrazo para todos.

Atentamente,

Your Teacher.



John Montilla (25-II-2025)

Relatos de mis memorias.

Fotografía: Laura López

jmontideas.blogspot.com

NO ES NOTICIA

 Por: John Montilla

...“Si decís a las personas grandes: “He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no acertarán a imaginarse la casa.” (El Principito)

***


No es noticia que unos jóvenes se vayan de paseo

para celebrar que una etapa termina

y que la vida, en el calendario, apenas comienza.

No es noticia la risa que va y viene,

el cansancio juvenil que no pesa,

las canciones cantadas a medias.

No es noticia que algunos hayan visto el mar por primera vez

y guardaran su rumor en silencio,

como quien aprende un nombre nuevo.

No es noticia la arena en los zapatos,

las caracolas recogidas en la playa,

tenderse bajo el sol sin apuro.

No es noticia que alguno contemplara con júbilo los atardeceres,

ni que otro soñara con alas de colores en el cielo.

No es noticia que escribieran sus nombres en la arena

o dejaran huellas al ritmo de bailes espontáneos.

No es noticia que alguien soñara con ser ingeniero,

otro con llegar lejos en el deporte,

que alguno pensara en hornos y recetas,

y otra en peines, tijeras, espejos y maquillajes.

No son noticia los sueños guardados en la maleta,

los suspiros por el anhelo de llegar al hogar,

ni las sonrisas y los abrazos de quienes esperan.

No.

Lo bello de lo cotidiano no es noticia.

La noticia es

que no hubo regreso a casa.

***

John Montilla (14-XII-2024)

Divagaciones

Imagen: IA generated

jmontideas.blogspot.com


***

POEMA DE SIMON PARA MARIANA

(Cerca de la medianoche del pasado sábado, Simón García le escribió un poema a su novia Mariana Upegui, sin saber que sería su último mensaje.)

"La vida se sostiene de mil deseos.

Monedas que se lanzan a una fuente,

velas que soplas con ojos llenos,

 y tréboles que buscan la suerte.

Yo he visto tortas arder en cumpleaños,

cumplí el rito de apagar cada candela,

los demás piden viajes, o milagros livianos,

yo solo pido que tu corazón me quiera.

He lanzado monedas a pozos viejos,

viendo el agua a tragar mi petición,

otros piden fortuna, paz o reflejos,

yo pido que siempre seas vos la razón.

Si encontré un trébol de cuatro hojas,

lo guardo como un pacto silencioso,

no lo gasto en riquezas, ni en cosas flojas,

lo guardo para pedirte a vos, hermosa.

He rozado amuletos en la madrugada,

he soplado pestañas caídas al azar,

cada uno como flecha delicada te busca,

te nombra, te quiere alcanzar",

...

"Las estrellas fugaces me conocen,

saben que al verlas cierro fuerte la mirada,

y que cada deseo que en mi pecho se impone,

termina diciendo tu nombre sin decir nada.

Hasta los dientes del león al desprenderse,

entran en pacto con el viento que los guía,

los tomo, los soplo, los dejo ofrecerse,

y en todo sin falla tu nombre va por mi compañía.

He perdido deseos con monedas,

con flores, con velas, con pestañas,

con tréboles, cielo y viento,

con suspensiones pequeñas,

simples favores,

del destino que escucha callado mi intento.

Decime vos,

¿En qué deseo gastarías su fe?

Yo, si el mundo me diera mil oportunidades,

las gastaría sin duda una y otra vez,

pidiendo que seas vos en todas mis realidades".

***

Simón García

Imagen y texto tomados de Facebook: Diccionario Costeño

lunes, 1 de diciembre de 2025

DOS LUNAS

 Por: John Montilla

En el infinito del universo,

En el inimaginable mundo sin fin,

En la vastedad de la vía láctea,

En la inconmensurable leche sideral esparcida en la inmensidad,

Surge su forma,

Delineada por las estrellas:

una constelación divina,

un cuerpo de diosa flotando en la negrura sin límite.

 

Dos lunas llenas por pechos,

dos faros suspendidos de la nada,

irradian una luz prometedora.

Un astronauta errante,

Un desesperado cautivo del espacio,

loco de amor y ansiedad,

divisa su silueta.

 

Dirige su nave exploradora hacia ella,

y en un estado febril de salvación

clava su bandera en su superficie.

 

Y el que se creyó conquistador

no supo que ya era esclavo

de aquello que había encontrado.

John Montilla (20-11-2025)

Divagaciones

Imagen: IA generated.

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EL POBRE TIGRECITO

(Parodia)

Por: John Montilla


Érase un triste tigrecito candidato

sin nadita del populacho qué comer,

sino caviar, risotto y salmón,

langosta fina, trufas y canapés.

 

Bebía champán, vino y café,

whisky añejo, sake y frappé,

y el pobre candidato no hallaba

del pueblo qué comer ni qué beber.

 

Pero como ahora está en campaña

le mete diente hasta los corrientazos,

cambió guarapo por champaña

y de butifarra en la calle traga pedazos.

 

A un ajiaco le mostraba su desprecio

decía que era un potaje para un preso.

Ahora dice que ese manjar no tiene precio

Y pide que le den dos tazas de eso.

 

En la calle engulle changua y chunchullo

Come chorizo, morcilla y arepa ´e huevo 

la fritanga y el colesterol hoy son lo suyo,

chicharrón en mano, perfecto su disfraz nuevo

 

Este ateo confeso, ahora discípulo de San Pablo,

de rodillas se proclama gran creyente;

aunque ayer fue abogado del diablo,

hoy con camándula va engatusando gente.

 

Este remedo de tigre, vil “maltrata-gatos”,

entre pólvora y risas, actuando demente

con los pobres felinos pasaba sus ratos

y hoy con discurso incendiario pretende ser presidente.

 

Érase un tigrecito triste y mentecato,

un lagarto, un camaleón con disfraz barato,

un bufón con un felino pintado en su zapato,

un espectáculo callejero que dura apenas un rato.

 

Érase un triste tigre comiendo trigo en un triste plato...

***

John Montilla (25-11-2025)

Divagaciones

Imagen: IA generated

ADHERIDOS AL CORAZÓN

Por: John Montilla


Un vecino, desde su terraza, tuvo el privilegio de ser testigo del singular hecho y me compartió lo ocurrido.

Al parecer, unos estudiantes aguardaron a que el profesor estacionara su motocicleta y, siguiendo un plan previamente acordado, pusieron en marcha su pequeña intervención artística.

 Los jóvenes sacaron de sus mochilas decenas de notas autoadhesivas, cada una con un mensaje escrito con antelación. Luego comenzaron a pegarlas por toda la moto: el tanque, el asiento, los guardabarros, la dirección, los espejos y cuanto espacio encontraron disponible. Cuando concluyeron su “poética travesura”, salieron corriendo entre risas nerviosas, imaginando la posible reacción del profesor ante aquella picaresca y cariñosa conspiración.

 El destinatario de todas esas muestras de afecto llegó minutos después. Al ver su moto completamente decorada, el profesor se quedó inmóvil, sorprendido. Pero, al reconocer el gesto, una sonrisa resignada —y quizá agradecida— le suavizó el rostro. Entonces, con paciencia casi ritual, fue despegando una a una las notas y guardándolas en su mochila, como quien recoge pequeños tesoros.

 Luego se marchó, dejando que el aire fresco de la mañana le acariciara el rostro. Tal vez pensaba que, pese a los retos cotidianos de su labor, él también había sido un vencedor ese año. Al fin y al cabo, esos discretos “Te queremos, profe” y “Gracias por todo” pegados a la moto estaban, en realidad, adheridos al corazón.

*** 

John Montilla (22-11-2025)

Relatos en mi camino

Fotografía: Jesús Ernesto Anacona

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LA RODADA DEL TERROR

 Por: John Montilla

“Tú no haces nada. Te dejas llevar. Te contentas con esperar.

Ya no esperas nada. Ya no esperas siquiera que algo cambie.

Todo es igual. Los días se suceden, idénticos, inmóviles.”

— Georges Perec

Estás acostado en una camilla, en el centro de ese frío cuarto de cirugías, semidesnudo, únicamente cubierto con una incipiente bata que parece de papel.

A pesar del dolor que sientes en la pierna estropeada, te piden que te sientes y escuchas una voz que te ordena:

—Agache la cabeza hacia adelante.

Sientes que te frotan un gel helado en la espalda.

Te estremeces, pero no de frío; tiemblas, piensas que son solo nervios.

Nunca antes habías estado en una situación semejante.

Te sientes solo en el mundo.

Te dicen que te van a aplicar anestesia en la médula espinal.

Pides unos segundos para hacer ejercicios de respiración y relajarte.

Un sutil pinchazo en la espalda te deja inerme en el mundo.

Hay varias voces a tu alrededor; sientes una mano que te adhiere al cuerpo algunos electrodos.

Tu pierna siente leves corrientazos y, momentos después, comienzas a flotar en el espacio.

Te imaginas que así deben de sentirse los astronautas.

Antes de que la anestesia te robe del todo la conciencia, un pensamiento te arrastra al día anterior: entras acostado en una camilla a la clínica, ya de noche. Te ves en un pasillo lleno de pacientes en sus camas, y en las paredes y techos, un sinnúmero de espantajos. Las paredes están tapizadas con telarañas y arañas artificiales, docenas de murciélagos, monstruos ahorcados, brujas volando en escobas, burlonas calaveras junto a irónicos mensajes.

Por algunos minutos recorres ese tramo, y entonces concluyes que ese sí es una “verdadera rodada del horror”, que termina cuando ingresas en un frío y metálico ascensor, lo cual te parece como si estuvieras entrando por las puertas del mismísimo infierno.

Y ahora ese viaje te tiene ahí: inerte, indefenso.

Tu vida depende de quienes intervienen en tu cuerpo.

Otra vez no puedes evitar estremecerte; tratas de controlarlo pensando en cosas positivas, pero las voces que hablan de asuntos absolutamente fuera de lugar te confunden.

Escuchas hablar de redes sociales, de llevar el carro al mecánico, de los sitios donde venden las mejores hamburguesas… al tiempo que también se dicen:

—Pásame tal instrumento.

—Revísale el pulso al paciente.

El tiempo pasa. Tu cuello comienza a doler; tus brazos, abiertos en cruz, se sienten ya rígidos.

Estiras los dedos para paliar la fatiga.

Intentas pensar en cosas bonitas o lógicas —contar, recordar palabras en inglés—, pero tu mente mezcla ovejas con unicornios, y ese río de aguas claras en el que sueñas bañarte se queda en gigantescas piedras.

Un par de muletas bailan frente a la luna, como si celebraran tu caída.

Apareces en un cuarto que está al revés y ves todas las cosas en el techo.

Piensas que te estás volviendo loco y, para retomar la cordura, comienzas a respirar con pausas controladas.

Entonces vagamente recuerdas a ese repentino perro que se te cruzó en el camino mientras conducías tu motocicleta rumbo al trabajo, y te hizo caer con un impulso tan grande que te fue a dejar tirado en un mundo de sueños y pesadillas.

***

John Montilla (9-11-2025)

Divagaciones y Relatos de mis memorias

Imagen: IA

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CORAZÓN ROBADO

 Por: John Montilla


La ciudad se despertó incompleta.

Un desalmado, un “sin corazón”

se había robado una letra de su nombre.

¡Oh!, ahora estaba mutilada.

Le habían extirpado el corazón de su nombre.

¿Por qué quitarle el corazón

a un terruño que acoge con amor a propios y extraños?

¿Por qué dejar sin corazón a Mocoa?

Mocoa, madre que nos cobija con sus montañas,

mamá, que nos baña con sus ríos de aguas claras,

que nos canta canciones con sus incontables pájaros multicolores,

que nos da de beber el jugo de sus cañales,

matrona que nos regala frutos dulces de sus veredas

y fresca sombra de los senderos.

Madre, que arrulla con voces de lenguas de nuestros ancestros

al son de flautas, tambores y cascabeles.

Mocoa, dama cuyos cabellos son transparentes cascadas,

y cuyo sueño reposa en las piedras del Mandiyaco.

“M -coa” vive y palpita.

No ha perdido su corazón,

nos lo ha dado a nosotros,

sus hijos.

***

John Montilla (7-10-2025)

Divagaciones

Imagen: Pixel Studios & J.M

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EL HILO DE LA INFANCIA

 Por: John Montilla

“Desde septiembre se siente que viene la nostalgia de agostos de antaño.”


Regresen agostos, regresen,

Devuélvanme los vientos de antaño,

las cometas de papel seda,

Los hilos y los colores,

 los amigos de la misma calle,

las carreras y aventuras en el viejo barrio.

 

Regresen agostos, regresen.

Devuélvanme la loma,

esa de montes y matorrales,

esa que fue engullida por monstruos amarillos

de fauces y dientes de hierro.

 

Regresen agostos, regresen,

Devuelvan las frágiles cometas enredadas entre los árboles,

que vuelvan los hilos sueltos a volar por los aires.

Regresen agostos, regresen,

devuelvan al vecino de la esquina que elaboraba cometas artesanales.

Ese que cortaba palitos de hoja de palma con un machete.

Ese que colgaba cometas multicolores en su ventana.

 

Regresen agostos, regresen,

Devuelvan esas cometas que se perdían en el infinito.

Devuélveme la última cometa ya remota,

la que viento amigo me arrebató de las manos,

esa que con nostalgia vi alejarse por el cielo,

esa que un hilo se llevó mi infancia.

***

John Montilla (20-IX-2025)

Divagaciones y memorias

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CONDE: UN SALSERO

Por: John Montilla

(In memoriam)

Recuerdo ver a Oscar Conde cierta vez un sábado en la mañana mientras hacía aseo de su apartamento acompañado de su música favorita, más que barrer bailaba con la escoba, y en un momento dado como en una especie de éxtasis pronunció una frase que nunca olvidé:

“La salsa es mi vida.”

Mientras lo decía, cerraba los ojos y alzaba la cabeza y las manos, como quien agradece al infinito el privilegio de escuchar y gozar ese ritmo. En una grabadora de antaño sonaban los sones de la Fania All Star

 

Aunque no compartimos aula, -él iba unos semestres adelante en su carrera- si tuve la fortuna de compartir pasillos, biblioteca, ágoras y cafetería en la universidad, pero creo que donde realmente se forjó nuestra amistad fue en las salsotecas de la ciudad de Neiva. La música salsa fue la conexión que nos sirvió de puente fuera del alma mater. Gracias a Conde pude conocer sitios como “Salsa na´ma”, “El Son Cubano” y otros que ya no recuerdo.

 

De esas correrías hubo uno lugar en particular en un pequeño garaje, que se llamaba simplemente “Un sitio de salsa”; cuyo dueño parecía que tenía el lugar más por gusto que por negocio. Él tenía en unos pequeños estantes bien organizados su colección de casettes y discos de acetato. En la calle solía poner un pequeño aviso tipo caballete con este letrero:

Se venden hamburguesas:

Sin pan

Sin carne

Sin ensalada

...únicamente la SALSA.

 

Cierta noche estábamos únicamente el dueño, Oscar Conde y mi persona escuchando música, cuando de repente se desparramó tremendo aguacero y entonces le dijimos al dueño que pusiera temas de salsa que le cantaran a la lluvia. El dueño hizo un concierto memorable de canciones con ese tema. La rumba que armamos nos hizo olvidar del diluvio.

 

- Lluvia cruel

“Era una tarde gris

Cuando empezó a caer

El aguacero aquel

Que te trajo hasta mi ...”  (El gran Combo de Puerto Rico)

 

- “Lluvia, tus besos fríos como la lluvia,

que gota a gota fueron enfriando

mi alma, mi cuerpo y mi ser…”   (Eddie Santiago)

 

- “Aguacero de mayo que va a caer”

 

“Agua que va a caer

Que va a caer, ya tú va a ver

Agua que va a caer

Mira que el cielo se está nublando

Agua que va a caer

Agüita, bombón, pa’ Galileo...”  (Ismael Rivera y Cortijo)

 

Recuerdo a Conde bailando solo en la pista mientras le pegaba entusiasmado a las maracas. Esa imagen de un tipo alegre es la que siempre se me quedó en la memoria.

 

Descansa en paz amigo “Simpson”. 

 

- “Una gota de lluvia en mi alma cayó,

 una hoja de otoño en mi pecho durmió ...” (Sonora Ponceña)

***

John Montilla (11-VIII-2025)

Relatos de mis memorias

Imagen: Tomada de Facebook

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ADELAIDA VA DE LADO

 Por: John Montilla

Hace ya varios años, alguien en el pueblo vio a Adelaida montada en una motocicleta y quizás de pura envidia soltó esta frase, que por alguna razón desconocida nunca olvidé:

“Adelaida va de lado.”

Nunca vi la escena, pero me la imagino ahora: Adelaida en una moto, no sé si iba conduciendo, o de pasajera; creo más en lo segundo.  Por eso me formo la imagen de una chica de unos 15 o 16 años a lo sumo, ligeramente inclinada o mal sentada casi como si se fuera a caer del vehículo. En otros tiempos tener dicho aparato era prácticamente un lujo que cualquiera no se podía dar.  Por eso hoy no me sorprende que quizás ella no hubiera tenido la pericia para saber montarse. Tal vez ese día fue la primera vez que la invitaban a vivir esa experiencia de subirse a un caballo mecánico de esos, y como hay cosas en las que no se nace aprendiendo; de seguro su comienzo en ese entonces no fue el mejor.

Y justo en esa memorable fecha para ella, un mirón en una esquina se percató del suceso y lo registro con una frase que he recuperado en su memoria y que traigo a colación de nuevo:

“Adelaida va de lado.”

¿Para donde iba ella ese día? ... nunca tendremos la respuesta. Quizás ese contacto con lo moderno fue lo que la llevó a marcharse de su terruño para ir a parar a la ciudad de Cali. Vagamente recordaba que al poco tiempo falleció. Creía que, de una enfermedad, pero alguien más a quien le lleve el recuerdo de Adelaida, me contó que ella había muerto en un accidente de tránsito, no se estrelló ella en una motocicleta, al parecer un carro la arrolló.  No creo que haya alcanzado a vivir más allá de los veinte años. Quizás yo sea la única persona diferente a su familia que años después aún la recuerda, creo que fuimos compañeros en la escuela primaria.

Perdona a mi memoria Adelaida por escarbar esos recuerdos.

***

John Montilla (5-VIII-2025)

Relatos de mis memorias.

Imagen: Art by Norman Rockwell.

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JENNIFER

  Por: John Montilla La primera vez que probé “la forcha” fue Jennifer quien me invitó. Bajo el inclemente sol de la ciudad, un señor reco...