viernes, 13 de febrero de 2026

HE CAMINADO, HE CAMINADO TANTO

 Por: John Montilla

He caminado, he caminado tanto.

Maniobrando mis muletas a un costado,

sentado en mi silla

o recostado en mi cama.

He caminado, he viajado tanto

pisando con mis manos páginas de varios libros.

He entrado a una vieja tienda de libros

y me he llevado el más antiguo y valioso.

Me he escondido en un viejo desván de la escuela para leerlo en solitario.

Una historia interminable.

Me he metido en un ropero hecho con la madera de un antiguo árbol de manzano y he aparecido en mundos mágicos,

donde hay nieves, brujas, faunos, centauros y leones dorados.

He navegado por ríos de chocolate en barcos hechos de galletas.

He posado mis pies en hierba de azúcar verde y comido rosas de caramelo.

He caminado por un camino de flores que lleva a la humilde morada de la bella profesora Miel.

He entrado con seres pequeños en un Bosque Negro.

Un lugar donde se perdía la esperanza

y el miedo se deslizaba entre los árboles.

He visto a “Baya de Oro”, la más bella del bosque,

adornada con flores y hojas doradas.

He tenido la fortuna de llegar a Rivendel, paraíso de la Tierra Media,

lugar donde los árboles emanan aromas perfumados

y donde la primavera parece detenerse más tiempo.

Y allí mis ojos han tenido la dicha de contemplar a Arwen.

Arwen, la más hermosa y sabia, verdadera majestad,

la que pocos mortales han podido ver.

Pero yo la he podido ver varias veces tan solo con regresar las páginas.

Arwen: la Estrella del Atardecer.

Vestida con guirnaldas de hojas cinceladas en plata.

Arwen, en cuyo rostro hay luz de estrellas.

He estado en la tierra de ensueño de Lothlórien,

donde los árboles son altos y rectos y de corteza plateada.

Donde parecía que el tiempo no pasaba,

como si el sol viviera allí.

He caminado por el más hermoso de los refugios,

donde el aire era limpio y fragante

y del cual lloran los personajes al despedirse.

Aragorn dijo: “Mi corazón vivirá aquí para siempre”.

Pero el escritor decidió que a ese paraíso

“él nunca volvería en su vida”.

Yo no corro la página;

me regreso y vuelvo a recorrer sus senderos.

El escritor también, con su pluma, dejó otra sentencia:

“Frodo no vería nunca más aquel hermoso país”.

Pero yo me regreso cuantas veces quiera.

Con un suave movimiento de mis manos,

entro y salgo del paraíso.

He caminado, he caminado tanto.

***

J.M- I-2026
John Montilla (23-I-2026) 

Relatos de mis memorias

Imagen: AI generated.

jmontideas.blogspot.com

LA NEGRA GLADYS

 Por: John Montilla

—“A esa negra ‘hijuetantas’, cuando la coja le voy a hacer lo mismo que le hizo mi hermano a otro negro que lo estaba molestando”.

¿Y qué le hizo? —le pregunté a Gladys. Y ella, seria, con su voz sonora y fuerte, siguió narrando la historia de manera orgullosa.

—Un día que mi hermano venía de la vereda con un racimo de plátanos al hombro, se encontró en la entrada del pueblo con otro negro que lo estaba esperando. Ese negro es grande como un toro, pero mi hermano también tenía lo suyo. Se agarraron a pelear y al final mi hermano lo dejó colgado de un alambrado.

Y se reía a carcajadas al contar el episodio a su manera. Nunca supe si eso fue verdad o no, pero me gustaba referirle el episodio por el gusto que me daba escuchar cómo lo contaba.

Esa era Gladys, una mujer grande, alegre, noble y leal por el lado de la amistad, y generosa dentro de sus posibilidades.

“En esta casa, cuando hay comida se come, y cuando no, se aguanta, hijuep#t4s”. Solía decirnos a nosotros, sus inquilinos.

Su vivienda era humilde, pero limpia. Lo que faltaba en lujos se compensaba con amabilidad, historias, chistes, bromas y risas. Recuerdo que por la pared empapelada con amarillentos periódicos se escuchaba correr, entre las rendijas de las tablas, a las salamandras en su cacería de insectos. Principalmente tenían a raya a las cucarachas y polillas. Yo por eso cuidaba a esos “pequeños dinosaurios” que, agarrados de las letras de las noticias, se desplazaban por las paredes de mi cuarto. Eso fue hace ya varios años, cuando iniciaba mi carrera docente.

Gladys se reía de todo, incluso hasta de sus desgracias. Alguien que la conoció más que yo la describe como “una negra feliz de ser negra, y que se reía de sus paisanos y de sí misma”.

—“Soy trompuda y qué —decía—, pero con un feo como yo no ando”.

Una de sus particularidades era que siempre estaba recalcando que tenía una pelea casada con una vecina. Nunca supe el origen de la rencilla. Pero ella disfrutaba por adelantado de lo que sucedería ese día. Cuando veía pasar a su rival por el otro lado de la calle de donde ella vivía, se relamía del goce por la futura pelea. De esas peroratas nunca olvido dos de sus magistrales expresiones exageradas que alguna vez soltó:

—“Negra &($#%&%?#” —dijo un día—, “cuando la coja, le voy a arrancar hasta los pelos del c...”.

Y soltaba su risotada; quienes la escuchábamos no podíamos evitar las carcajadas ante sus ocurrencias.

Una tarde soleada soltó la sentencia máxima de cuantas recuerde; quizás esa vez estaba de verdad de malas pulgas:

—“Negra &($#%&%?#” —dijo—, “cuando la agarre hasta Cristo va a venir a la novedad”.

Hasta ahora guardo esa frase de combate, y confieso que la he usado adaptada en ciertos contextos, porque me parece el culmen de todas sus exageraciones.

Gladys no era mala, al contrario, fue una persona bondadosa. Para su legendaria pelea, entrenaba más con la lengua que con los puños. Ese duelo que a mi entender estaba declarado desde tiempos inmemoriables; nunca ocurrió. Pero ella creo le encontraba gozo al imaginarla. De haberse llevado a cabo se hubiera terminado con una parte del torrente de sus historias. Quizás eso tan solo fue una metáfora que usaba para darse ánimos y seguir guerreando con la vida.

Hubo bastantes anécdotas y bromas pesadas, algunas inenarrables aquí. Debo confesar que cuando tuvimos que decirle adiós para ir por nuevos horizontes, hubo cierta nostalgia.

Hace años que no he vuelto a saber de ella, cuando la vea, la celebración va a ser tan grande que hasta Cristo va a venir a la novedad.

***


John Montilla (12-II-2025)

Relatos de mis memorias

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com

cuentoycobija.blogspot.com

divagacionesjm.blogspot.com

ME DIVIERTE

Por: John Montilla

A la bahía de la tristeza

arribó un antiguo barco pirata,

traía por banderas y munición:

saber, risa y diversión.

 

Un cañonazo de alegría

reventó en la plaza vacía

despertó juegos y canciones

y juntó muchos corazones.

 

Una descarga de alegría

iluminó la cara de un niño

ahuyentó su melancolía

y lo abrigó con cariño.

 

Una explosión de alegría

cayó en la puerta de la escuela

su luz mostró en el día

que aprender valía la pena.

 

Un estallido de alegría

rompió la noche cerrada

las sombras se escondieron

y la luna quedó invitada.

 

A la bahía de la tristeza

arribó un antiguo barco pirata,

su cargamento es una promesa:

Repleta de alegría trae una piñata.

***

John Montilla (9-II-2026)

Divagaciones

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com

EL AVIONCITO

Por: John Montilla

Cierto día, mientras estaba explicando un tema en clase de grado once, sorprendí a una jovencita jugando con un avioncito de papel.

Interrumpí lo que estaba haciendo. La clase quedó en silencio. Fui hasta el puesto de la estudiante y, de manera amable, le pedí que me pasara el juguetico. Todos estaban a la expectativa.

Luego volví al frente del tablero y me dirigí a todos:

—Vamos a hacer una pausa en el tema para darle paso a la poesía.

Después le dije a la estudiante que le iba a hacer una pregunta y que ella tenía que responder en voz alta: ¿por qué?

Ella dudaba, pero tanto yo como sus compañeros la animamos a que siguiera el libreto, hasta que al fin se decidió.

Esto le pregunté mientras hacía el gesto de devolverle el juguetico:

—¿Me quieres tener mi avioncito durante todo el recreo?

Entonces ella respondió:

—¿Por qué?

Yo le repliqué:

—¡Porque tú eres mi cielo!

Me hubiera gustado haber grabado la reacción y el aplauso que me dieron mis estudiantes.

***

Adenda: Idea basada en un poema de Jairo Anibal Niño.

*** 

John Montilla (26-I-2026)

Relatos de mis memorias.

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com


Respuesta de Nathalie:

Buenos días profesor, muchísimas gracias por ese detalle tan especial que ha tenido conmigo. Gracias también por el cariño a mi hija, ella siempre que tiene la oportunidad me expresa la admiración y afecto a usted.

Gracias a usted y a la Institución educación Pío XII que la vio crecer y me la ayudó a formar no solo académicamente sino en valores, principios y en carácter. Les debo la dicha de tener una hija disciplinada, perseverante, inteligente, curiosa, analítica, creativa y de buenos hábitos y principios.

Un abrazo fuerte y que Dios lo bendiga. (N.G)


Acróstico : 11-II-2026

J.M 


CUATRO VOCES EN EL TIEMPO

 Por: John Montilla

Cuatro nombres quedan flotando

en los pasillos del colegio,

como ecos suaves de recuerdos

que no se irán con sus dueños.

Artes, ciencias, lengua y literatura:

 

el trazo que interpreta,

la vida que se explica,

El vocablo que precisa,

la palabra que imagina.

 

Cuatro voces

Cuatro escalones,

Cuarteto de luces,

Cuádruple legado

 

Mezcla de saberes

Hicieron del aula un taller,

un laboratorio de metáforas,

un libro abierto de la vida.

 

Una hoja fue un dibujo, un poema,

el cuerpo, un viaje de exploradores,

el sueño una idea coloreada,

una palabra el inicio de un camino.

 

Cuatro profesores,

Cuatro obreros del alma.

Cuarteto de adioses.

Cuarteto de mil recuerdos.

 

La campana se calla.

El corazón canta con nostalgia.

El reloj avanza en silencio.

Las huellas permanecen.

***

John Montilla (I-21-2026)   Fotografía: I.E.Pío XII

Divagaciones

jmontideas.blogspot.com

ÚLTIMA VOLUNTAD: MUJERES

Por: John Montilla

“Como el que me va a matar es un hombre, en mi funeral que me lleven a mí entierro unicamente mujeres.”

Algo así, había dicho el personaje de este relato, consciente de que el negro cuervo negro de la desgracia ya había dado vueltas sobre su persona.
Él dueño del único local de baile en uno de los tantos pueblos de esta vasta geografía de nuestro país había tenido el presentimiento de que sus dias estaban contados en una época en que la violencia, y por tanto los disparos y los muertos eran cosa del diario vivir. Por eso él había decidido anticiparse a los designios y por lo menos dejar estipulada su última voluntad.
Ignorante al día de su destino marcado, dicen que el mismo había ido a contratar y traer por su cuenta a un grupo musical para ambientar la fiesta de fin de semana en su local. La persona que me narró la historia cuenta que durante el viaje de regreso a la vereda, le salieron al camino un grupo de hombres armados. Lo hicieron bajar a él únicamente del vehículo en que viajaba y allí mismo en presencia de los horrorizados testigos su existencia había sido inmisericordemente truncada a balazos.
Lo que prometía ser una baile, se había convertido en un funeral. Por supuesto los músicos nunca llegaron a destino, en el camino, no más,habían dado la vuelta de retorno con sus silenciosos instrumentos como acompañantes.
El día de su funeral, la gente le cumplió su deseo final, a pesar de que la distancia desde el pueblo era un tanto distante, unicamente las mujeres se iban turnando para llevar el pesado féretro hasta su última morada. A pesar de lo irregular del camino y el calor del día, ellas estoicamente resistieron la penitencia ajena.
Ellas purgaron en sus hombros los pecados del difunto.
***
John Montilla (11-I-2026)
Relatos en mi camino
Imagen: AI generated.
jmontideas.blogspot.com

CARNAVAL DESDE LA VENTANA

 Por: John Montilla

El radiante sol de la tarde rebota en el pavimento de la calle.

Un grupo de personas, todas vestidas de negro, pasan frente a mi ventana.

Todos llevan sus rostros y brazos untados de cosmético negro.

Es día de carnaval. Enero cinco, “Día de los Negros”, se decía antes.

Luego pasa otro grupo: jóvenes. Ellos van ataviados con gorras, ponchos y pañoletas, y van pintados con cosmético multicolor.

Ahora se dice: el carnaval del cinco de enero.

Sigo observando la calle desde la ventana.

Desde aquí puedo ver a uno de los inquilinos de la casa grande de enfrente.

El dueño, por desgracia, hace unos años sufrió un accidente y quedó postrado en silla de ruedas.

La renta de la casa le sirve como medio de vida.

Mientras pienso en él, contemplo mis muletas; la vida nos puede cambiar en un instante.

Recuerdo al vecino como un hombre fuerte que trabajaba en trasteos.

Y ahora carga con el peso de su discapacidad.

Vuelvo a contemplar al inquilino: un anciano que se la rebusca como puede:

Recogiendo cartón, latas, plástico y cosas así; pero hoy he descubierto algo más: el señor está tejiendo.

Veo unos ovillos de lana blanca y roja que descansan en el piso, mientras él, caladas sus lentes y sentado en su silla, hábilmente sigue en su proceso de tejer.

Alguien me comenta que él elabora bolsos de lana.

Lo he visto temprano en las mañanas empujando un carrito de ruedas, en el que lleva su mercancía y en el que recoge el material para vender.

Pero hoy, que estoy sentado junto a la ventana, he reparado más en su presencia.

A veces somos invisibles ante los demás.

Me gustaría encontrar la forma de hacerlo más visible para que lo apoyen comprándole su arte.

Donde él está sentado, en otros tiempos había un espacio verde.

Por allí solían volar incontables mariposas blancas y amarillas.

Hoy lamento haberlas perseguido y cazado cuando niño.

En ese prado también solía haber diversas flores y hierbas de formas bonitas.

Los seis de enero, como nuestros padres no nos llevaban al parque a jugar el carnaval, en casa, desde temprano, íbamos a recoger hierbas, flores y ramitas para hacer nuestro propio desfile.

Teníamos varios muñecos de caucho de diversas y bonitas figuras.

Recuerdo un Pinocho de varios colores y un hermoso gato blanco con una corbata azul.

Poníamos los muñecos en nuestros carritos de juguete y los adornábamos con los elementos que habíamos previamente recogido; luego, jalando con una cuerda los carritos, dábamos vueltas por la casa.

Esas eran nuestras carrozas del seis de enero.

Fue un ritual que repetimos varios años, mientras fuimos creciendo.

Después, cuando tuvimos edad de salir, comprendimos a nuestros padres.

En ese carnaval de antaño casi no había espacio para un niño:

había mucha gente y talco hasta la asfixia en el ambiente, y algunos que, adrede, no jugaban, sino que agredían a los demás.

Más que un juego, parecía una guerra en la que los pequeños eran víctimas fáciles.

Nos protegieron dejándonos en casa.

De niño imaginaba el carnaval; años después, esa imaginación me ha servido para participar en él varias veces.

Es temprano en la mañana y veo pasar a una señora con una caja de cartón en la mano, y dos niños y una niña ataviados para lidiar con el día.

Busos de manga larga, gafas y gorras; la niña lleva una bella trenza.

Deduzco que ellos no madrugaron a jugar, sino a trabajar, por un par de frases en voz alta que la mamá les dice a los niños.

Los recuerdos del carnaval desfilan frente a mi ventana.

***

John Montilla (6-I-2026)

Relatos de mis memorias

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com



PROPÓSITOS
Algunos dicen que hoy se deben tirar lejos aquellas cosas que tengan recuerdos negativos del año que termina.
Siento defraudarlos, pero no les haré caso:
No puedo aún botar las muletas.
Pero miro con esperanza el mañana. Las sombras pueden estar en nuestras espaldas, pero en frente siempre habrá un horizonte de luz y a veces de tonos grises, pero esa es la vida.

Un abrazo fraterno de año nuevo a todos los que de una u otra manera hacen parte de mi existencia.
***
J.M (31-XII-2025)

DIARIO DE MADURO PRISIONERO

Por. John Montilla

Enero 3

No sé dónde estoy, pero parece que me han traído a un barco. Lo puedo percibir por el vaivén y porque ya me he mareado tres veces. Alcancé a decir “help” antes de vomitarme. Sentí que me pasaron un cuenco metálico, no por amabilidad, sino para evitar que les dejara el piso hecho un asco.

Digo me parece porque no oigo nada: me han puesto unos dispositivos ajustados que me impiden escuchar el mínimo ruido. Tampoco puedo ver nada. Quise rascarme la espalda, pero las esposas me lo impidieron. Me tocó restregarme como un gato contra la silla.

Me pasaron una botella de agua, pero no me permitieron tomar. Me la pusieron en la mano un momento y luego me la quitaron. Me di cuenta de que estaba destapada y magullada. Entonces recordé que tenía sed: no había tomado ni comido nada en todo el día.

Las tripas me crujieron; entonces se me vino a la mente ese montón de gente que se fue del país por hambre y, por primera vez, sentí cargo de conciencia por la diáspora venezolana.

Por suerte no me han tapado la nariz, y los olores que me llegan me hacen sentir una especie de nostalgia por las brisas del Caribe y los aires de Latinoamérica. Ahora percibo hasta el ahogo emanaciones de metal y el aire pesado de otros mundos. Tengo envidia de los caballos que corren libres por las llanuras por las que cabalgó el padre de la patria. He pensado más en las aguas soberanas del río Orinoco que en mi mujer.

Al pensar en aguas, advierto que la urgencia de la vejiga poco a poco le ha ganado la batalla a mi orgullo. Siento la humedad que me corre por los pantalones y un olor maldito me llega a las narices. No huelo a orines, sino a petróleo, y aunque tarde, por fin comprendo el castigo a la ambición y el poder desmedido. Entonces me maldigo por haber entregado la patria por esa mi3rd4.

***

John Montilla (3-I-2026)

Divagaciones

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com

 

DOS MELONES

(Canción parodia)

Por: John Montilla

Por fin me subieron el sueldo, bendito sea este gobierno

De dos melones para arriba, ya me siento casi eterno

Ayer pedía fiado el tinto, hoy lo pago con billete

Ya no miro el menú chico, pido combo y doble filete

 

Ahora sin mirar los precios entro al supermercado,

si sube la libra carne, no importa, ya quedó cancelado.

Cambio el bus por el taxi, aunque vaya pa’ la esquina,

y digo “échale gasolina”, aunque el tanque esté lleno encima.

 

CORO

Y ahora con los “dos melones”, esto sí se puso bueno,

yo nunca he ganado eso, ¿qué voy a comprar con eso?

Y ahora con los “dos melones”, esto sí se puso bueno,

yo nunca he ganado eso, ¿qué voy a comprar con eso?

 

Ahora no almuerzo corrientazo, consumo es ejecutivo,

y en quincena ordeno broaster frito en aceite de olivo.

Ahora pido porción de ensalada y postre al final.

Tranquilos, yo pago eso dando clic en el celular.

 

Ya pienso en cambiar nevera, la que suena como avión,

y muy pronto, si Dios quiere, saco un tele grandotón.

Ahora la señora del barrio me fía sin preguntar,

dice: “tranquilo, vecino, después viene a cancelar”.

 

CORO...

Ahora sueño con vacaciones, estoy pensando a dónde viajar,

no sé si ir a Cartagena, Santa Marta o tour internacional.

Ya en la empresa me dicen “jefe”, aunque sea de cariño,

porque con dos milloncitos ya se les creció este “niño”.

 

Aunque ahora compro el arroz diciendo “premium”, por favor,

pero ojo que no me enloquezco, sigo siendo trabajador.

Con este golpe de suerte que me dio la vida, compadre,

dos millones de salario, a fin de mes se viene el “desmadre”.

CORO...(2 veces)

John Montilla (1-I-2026)

Divagaciones: (Canción parodia, género guasca)

Imagen: AI generated

jmontideas.blogspot.com

JENNIFER

  Por: John Montilla La primera vez que probé “la forcha” fue Jennifer quien me invitó. Bajo el inclemente sol de la ciudad, un señor reco...