Por: John Montilla
He caminado, he caminado tanto.
Maniobrando mis muletas a un costado,
sentado en mi silla
o recostado en mi cama.
He caminado, he viajado tanto
pisando con mis manos páginas de varios libros.
He entrado a una vieja tienda de libros
y me he llevado el más antiguo y valioso.
Me he escondido en un viejo desván de la escuela para
leerlo en solitario.
Una historia interminable.
Me he metido en un ropero hecho con la madera de un antiguo
árbol de manzano y he aparecido en mundos mágicos,
donde hay nieves, brujas, faunos, centauros y leones
dorados.
He navegado por ríos de chocolate en barcos hechos de
galletas.
He posado mis pies en hierba de azúcar verde y comido rosas
de caramelo.
He caminado por un camino de flores que lleva a la humilde
morada de la bella profesora Miel.
He entrado con seres pequeños en un Bosque Negro.
Un lugar donde se perdía la esperanza
y el miedo se deslizaba entre los árboles.
He visto a “Baya de Oro”, la más bella del bosque,
adornada con flores y hojas doradas.
He tenido la fortuna de llegar a Rivendel, paraíso de la
Tierra Media,
lugar donde los árboles emanan aromas perfumados
y donde la primavera parece detenerse más tiempo.
Y allí mis ojos han tenido la dicha de contemplar a Arwen.
Arwen, la más hermosa y sabia, verdadera majestad,
la que pocos mortales han podido ver.
Pero yo la he podido ver varias veces tan solo con regresar
las páginas.
Arwen: la Estrella del Atardecer.
Vestida con guirnaldas de hojas cinceladas en plata.
Arwen, en cuyo rostro hay luz de estrellas.
He estado en la tierra de ensueño de Lothlórien,
donde los árboles son altos y rectos y de corteza plateada.
Donde parecía que el tiempo no pasaba,
como si el sol viviera allí.
He caminado por el más hermoso de los refugios,
donde el aire era limpio y fragante
y del cual lloran los personajes al despedirse.
Aragorn dijo: “Mi corazón vivirá aquí para siempre”.
Pero el escritor decidió que a ese paraíso
“él nunca volvería en su vida”.
Yo no corro la página;
me regreso y vuelvo a recorrer sus senderos.
El escritor también, con su pluma, dejó otra sentencia:
“Frodo no vería nunca más aquel hermoso país”.
Pero yo me regreso cuantas veces quiera.
Con un suave movimiento de mis manos,
entro y salgo del paraíso.
He caminado, he caminado tanto.
***
| J.M- I-2026 |
Relatos de mis memorias
Imagen: AI generated.
jmontideas.blogspot.com












