jueves, 10 de julio de 2025

ESPANTAR LA GALLINA “CULECA”

Por: John Montilla 

Les voy a contar el “remedio casero” que hace ya varios años le aplicaba una de mis vecinas a sus gallinas para quitarles la “culequera”.

Doña Clelia, era ya una anciana cuando de niño la conocí. Por esas casualidades de la vida terminamos siendo vecinos. Ella ya estaba instalada en el barrio cuando nosotros llegamos. Su casa, contigua a la nuestra, era de madera y tenía sembradas flores, muchas clases de flores. El frente de su humilde morada era un jardín multicolor. Hasta muchos años después de su fallecimiento permanecieron los vestigios de su jardín. Luego con el paso del tiempo vi cómo tapiaban con cemento lo que antes fuera el patio de flores. Me dio nostalgia. Ese era, creo yo, el último pedazo de tierra libre de concreto en el frente de las casas de la vecindad.

 En otros tiempos, nuestra vecina también tenía flores en el patio interno de la casa. Como los solares eran amplios, había hasta plantas de plátano y una que otra mata de café, y menciono de manera especial a un inolvidable árbol de naranjas que durante muchos años brindó sus frutos a propios y vecinos. Cuando las ramas cruzaban a nuestro lindero bastaba con estirar las manos y agarrar los frutos. Nuestros solares en aquellos tiempos estaban delimitados por arbustos de flores, cercas de madera y un par de incipientes líneas de alambres de púas. Lo cual no era suficiente barrera para que uno de niño rompiera fronteras y fuera por las frutas vedadas. Debo subrayar que fueron más las veces que gozamos subidos en el árbol de común acuerdo cuando la dueña nos pedía que le hiciéramos la cosecha.

 Esos patios de antaño eran una especie de mini granjas, hasta cuyes y gallinas tenía nuestra vecina, y aquí viene el punto central de estas memorias. Ella tenía una forma no convencional de supuestamente quitarle la “culequera” a sus gallinas para que volvieran pronto a poner huevos: Cuando una de sus gallinas estaba “culeca”, ella la agarraba y dándose sus modos le amarraba a las plumas de la cola un manojo de hojas secas de plátano. Las pobres aves salían corriendo espantadas por el patio. Algunas se escandalizaban tanto que incluso salían volando por encima de la cerca y huían desesperadas por la calle para esconderse en algún rincón. Más de una vez nos pidió la anciana que le ayudáramos a encontrar las aves fugitivas. Hoy, viendo las cosas en retrospectiva me atrevo a afirmar que dicho “remedio” nunca fue efectivo y que por el contrario sus pobres gallinas sufrieron de estrés y esto debió afectar en algo su comportamiento natural. Quizás las infelices aves se hicieron daño al saltar y volar asustadas huyendo de su cola intrusa y de unos chiquillos que iban detrás riéndose de su desgracia.

 La anciana hace años partió de este mundo, menos mal que nunca llegó a saber que su patio de tierra ahora es cemento y de sus flores ya no queda ni una sola.

***

John Montilla (1-VII-2025)

Relatos de mis memorias

Imagen: Fotomontaje & Leonardo AI generated

jmontideas.blogspot.com

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