Por: John Montilla
La señal estaba puesta al borde la carretera.
Un balde plástico de color verde sobre un asiento artesanal
de madera.
Y en otra butaca un adulto mayor esperando con paciencia a
alguien que debía pasar.
Me pregunta la hora.
Las nueve y media de la mañana- Le respondo.
Entonces ya debió pasar-Me dice.
Luego comienza a hablarme de su casa.
Me cuenta que hay muchas goteras en el tejado.
Y que por tanto necesita hacer reparaciones antes de que el
techo se le vaya a caer encima.
Me dice que su casa tiene tejas artesanales del siglo
pasado.
- “Ese techo tiene más de cincuenta años.” -Afirma- “Las
vigas son de muy buena madera, pero necesito cambiar las varas de palma de
chonta que sostienen las tejas.”
- “La chonta es un palo de hierro, uno se muere, y ella se
mantiene intacta, pero la humedad si la acaba.”
Por eso, dice que necesita hacer esa remodelación urgente
en su casa.
Luego me comenta, que requiere por lo menos unas ciento
cuarenta varas de chonta de cinco metros al menos, pero que no le dan permiso
las autoridades ambientales para cortar las palmas que necesita.
Le propongo que haga la petición con el compromiso de
sembrar dos palmas por cada una que corten.
A él parece una idea buena, justa y factible de realizar.
Luego le preguntó si me permite tomar una foto del balde en
el asiento.
Él accede y agrega:
“Creo que debió
haber pasado temprano hoy.”
Estoy de acuerdo con él.
El lechero debió madrugar para entregar o vender el
producto del día.
Ya no es muy común la imagen del repartidor de leche desde
que el argumento de la salubridad nos obligó a comprar “leche” en bolsa.
- “Es más fresca y económica”- Apunta el señor, ya
resignado a quedarse sin la leche del día. “Debí haber madrugado más.” Se
lamenta.
Luego agarra su balde, deja el asiento en el sitio de donde
lo había tomado y se despide, no sin antes decir señalándome con su mano.
“Yo vivo por allá, si algún día quiere conversar, lo invito
a tomar café.”
Ojalá que el día que me anime a visitarlo,
el lechero logre ver la señal que deja el señor a la orilla
de la carretera.
Haga el pare y llene el recipiente con el blanco líquido
vital, aún tibio.
Me gusta el café con leche, por supuesto, sacada
directamente de las ubres de una vaca, no de una bolsa plástica.
***
John Montilla (13-mayo -2025)
Relatos en mi camino
Fotografía y texto: jmontideas.blogspot.com.